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¿Las Mujeres sufren más trastornos psicopatológicos que los hombres?

Dr. Josep Castillo

Doctor en Psicología. Profesor de la Facultat de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport Blanquerna, Universitat Ramon Llull.

 

Las mujeres sufren más trastornos psicopatológicos que los hombres, en efecto. Este podría ser un primer titular sobre los resultados de los estudios epidemiológicos realizados en Europa en los últimos años (Wittchen et al., 2011). Si nos aproximamos un poco más a los datos, observaremos que,en los trastornos ansiosos y depresivos, los más prevalentes, la ratio mujer-hombre está claramente descompensada: hay 2.5 mujeres con trastornos de ansiedad por cada hombre, 2.3 mujeres con depresión, 2.1 con trastornos somatoformes y 2.0 con insomnio. En el caso de los trastornos de la alimentación, la ratio es todavía mayor: 4.5 en la anorexia y 8.0 en la bulimia. Por contra, hay más hombres que mujeres con trastornos psicóticos (1.2 hombres por cada mujer), consumo de opioides (1.4), de cannabis (2.5) y de alcohol (3.3), así como con trastorno de la personalidad (2 hombres con trastorno límite por cada mujery 5 hombres con trastorno antisocial). En Europa la tasa de suicidios es entre 3 y 4 veces mayor en hombres que en mujeres (OMS, 2014).

¿Cómo podemos explicar estos datos? Eaton et al. (2012) proponen que las diferencias de género en el ámbito psicopatológico pueden explicarse a partir de la dimensión internalización-externalización. Las mujeres son más propensas a internalizar, a sentir malestar y miedo, a rumiar los problemas centrándose en las emociones negativas, más que a implicarse en formas activas de resolución de los problemas. Ello explicaría la mayor prevalencia entre las mujeres de distimia, depresión, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico y fobias. Los hombres, por su parte, tenderían a externalizarlos problemas, a actuarlos, y por ello presentan con mayor frecuencia trastorno antisocial de la personalidad y consumo de sustancias. Quizás también esa mayor propensión a la actuación pueda explicar la mayor tasa de suicidios que se observa en los hombres.

La hipótesis de las diferencias en internalización-externalización es interesante, y podemos sumarla a otras de carácter fisiológico, hormonal o genético que encontramos en la literatura científica sobre el tema. Pero en las próximas líneas quiero referirme a los resultados de investigación que apuntan a que las diferencias hombres-mujeres en la forma de experimentar y expresar la psicopatología se explican mejor por factores psicosociales y por la presencia de estilos de socialización diferenciados en función del género.

McLean y Anderson (2009) realizan una excelente revisión sobre las posibles causas de las diferencias hombres-mujeres en la prevalencia de psicopatología. De manera significativa, titulan su trabajo “Brave men and timid women? A review of the gender differences in fear and anxiety”. De dicha revisión emergen con fuerza los factores ambientales, en especial los asociados a la crianza, a los procesos de socialización. Las mujeres, por ejemplo, presentan mayor sensibilidad a la ansiedad y a los síntomas somáticos asociados a ella (palpitaciones, presión en el pecho, dificultades para respirar, temblores, etc.), lo que podría explicarse porque las mujeres reciben más refuerzo positivo que los hombres cuando expresan quejas somáticas. Además, la educación y crianza de las niñas, en comparación con la de los niños, promueve menos sensación de predictibilidad y control sobre las propias vidas, menos sentido de autoeficacia y de ser capaz de solucionar problemas. La idea de un espacio público amenazante, peligroso, por ejemplo, se transmite más intensamente en la educación de las niñas y las adolescentes. Por contra, en el caso de los chicos se enfatizaría más la autonomía y la capacidad de controlar su propia vida. En estudios realizados en el ámbito académico, se ha observado que el profesoradotiende a responder más a los chicos que a las chicas cuando intervienen en clase, de modo que estas crecen con la experiencia de que sus opiniones y criterios tienen menos importancia y menos impacto sobre los demás.

En el terreno de las emociones también encontramos importantes diferencias. La educación que reciben las niñas (en comparación con los niños) hace que perciban en mayor medida que las emociones negativas y las adversidades son difíciles de gestionar, y que ellas son responsables del bienestar de los demás y de que las relaciones interpersonales funcionen: estos aspectos favorecerían la rumiación, proceso que está presente en diversos trastornos ansioso-depresivos. Los estudios revisados por McLean y Anderson también ponen de manifiesto que se anima más a los chicos a exponerse a estímulos temidos, a ser asertivos y autónomos, a centrarse en la tarea, mientras que con las chicas se potencia la atención sobre los estados emocionales propios, la dependencia, las expectativas de protección, el miedo y las conductas de ansiedad. Se habla más de las emociones con las chicas, y más de causas y consecuencias de los sentimientos con los chicos. En las personas que sufren ansiedad social (fobia social), son frecuentes las conductas de sumisión en las relaciones interpersonales: pues bien, como demuestran Zimmerman, Morrison y Heimberg (2015), los hombres con trastorno de ansiedad social sufren más vergüenza que las mujeres con el mismo trastorno. ¿Por qué? De nuevo los datos apuntan a cuestiones asociadas a la socialización de género: se acepta más fácilmente que una mujersea sumisa que no que lo sea un hombre, de quien se espera una actitud más dominante. Por tanto, un mismo trastorno (la ansiedad social) provoca mayor sufrimiento en los hombres, quienes sentirían más vergüenza por alejarse de las expectativas sociales.

El maltrato en la relación de pareja está asociado a la prevalencia de trastornos ansioso-depresivos, estrés postraumático y alteraciones en los estilos de personalidad (Pérez et al., 2007). Según la MacroencuestadeViolencia contra la Mujer2015, un 2.7% de las mujeres encuestadas habían sufrido violencia física o sexual por parte de sus parejas o exparejas en el último año, un 9.2% maltrato psicológico de control (celos, control y restricciones sobre con quién relacionarse) y un 7.9% maltrato psicológico emocional (insultos, humillaciones, amenazas). La estimación de la prevalencia a lo largo del ciclo vital señala que 1 de cada 8 mujeres españolas (12.5%) ha sufrido o sufrirá maltrato físico o sexual por parte de su pareja, y que 1 de cada 4 (25.4%) ha sido o será maltratada psicológicamente. Los porcentajes en el conjunto de la Unión Europea son todavía mayores: 22% de maltrato físico o sexual y 35% de maltrato psicológico. ¡Cuánto sufrimiento en tantas y tantas mujeres maltratadas! Y en sus hijos e hijas. En el maltrato en la relación de pareja, de una frecuencia sobrecogedora, encontramos otra fuente generadora de psicopatología en las mujeres.

¿Qué otros factores psicosociales pueden incidir en las diferencias psicopatológicas entre hombres y mujeres? Las tareas domésticas y las de cuidado recaen de forma mayoritaria (a menudo totalmente) en las mujeres, lo que propicia experiencias de sobrecarga emocional que pueden generar problemas psicopatológicos. En comparación con los hombres, las mujeres están más sometidas a estándares de belleza y a ser consideradas objetos sexuales. Ya desde niñas, pueden recibir una mirada que sobredimensiona la relevancia de su cuerpo: si interiorizan esa mirada, si la asumen, se incrementa el riesgo de sufrir trastornos depresivos y de la alimentación.

Hasta aquí un rápido repaso a cómo los procesos de socialización diferenciados en función del género pueden explicar por qué las mujeres y los hombres expresan de manera diferente el sufrimiento. Tanto para la prevención como para el tratamiento, es importante que la psicopatología como disciplina y los/as profesionales de la salud mental no descuidemos las circunstancias culturales y psicosociales de las personas a las que atendemos. Entre ellas, las características asociadas al género han de ser muy tenidas en cuenta, más aún cuando el binarismo clásico hombre-mujerse está ampliando hacia otras formas de identidad y de expresión de género.

 

Referencias

  • Eaton, N.R., Keyes, K.M., Krueger, R.F., Balsis, S., Skodol, A.E., Markon, K.E., Grant, B.F., & Hasin, D.S. (2012). An invariant dimensional liability model of gender differences in mental disorder prevalence: Evidence from a national sample. Journal of Abnormal Psychology,121(1), 282-288.
  • McLean, C., Anderson, E. (2009). Brave men and timid women? A review of the gender differences in fear and anxiety. Clinical Psychology Review,29, 496-505.
  • Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2015). Macroencuesta Violencia contra la Mujer2015. Recuperado de:http://www.violenciagenero.igualdad.mpr.gob.es/violenciaEnCifras/estudios/colecciones/pdf/Libro_22_Macroencuesta2015.pdf
  • OMS (2014). Prevención del suicidio: un imperativo global. Recuperado de: https://www.who.int/mental_health/suicide-prevention/world_report_2014/es/
  • Pérez Testor, C., Castillo, J.A., Davins, M., Salamero, M., & San Martino, M. (2007). Personality profiles in a group of battered women: Clinical and care implications. Journal of Family Violence,22(2), 73-80.
  • Wittchen, H.-U., & Jacobi, F., Rehm, J., Gustavsson, A., Svensson, M., Jönsson, B., Olesen, J., Allgulander, C., Alonso, J., Faravelli, C., Fratiglioni, L., Jennum, P., Lieb, R., Maercker, A., Van Os, J., Preisig, M., Salvador-Carulla, L., Simon, R., & Steinhausen, H.-C. (2011). The size and burden of mental disorders and other disorders of the brain in Europe 2010. EuropeanNeuropsychopharmacology,21, 655-679.
  • Zimmerman, J., Morrison, A.S., & Heimberg, R.G. (2015). Social anxiety, submissiveness, and shame in men and women: A moderated mediation analysis. British Journal of Clinical Psychology,54, 1–15.
  • Barcelona, noviembre de 2018

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